Presas y embalses, ¿cómo influyen en la pesca?

Consejos

Grandes estructuras creadas por el hombre que interfieren en el comportamiento natural de nuestros ríos; las presas y embalses han sido y son motivo de controversia.
Nadie duda de los beneficios que aportan a nuestra vida diaria, pero ¿qué decir de los perjuicios que causan a la naturaleza? En esta sección tratamos de analizar la influencia que presas y embalses tienen en el desarrollo de la vida acuática y, por tanto, en la pesca.

Los embalses

En nuestro país existen del orden de 1.200 embalses.
En cada uno de ellos, el agua que se encontraba en constante movimiento ha pasado a convertirse en un lago donde las aguas deben permanecer calmadas y siempre a merced de las necesidades e intereses humanos. Se rompe el régimen hidrológico natural y eso, sin duda, influye en diferente medida sobre todas las especies que allí habitan.
Como todos sabemos, el nivel de agua de un embalse fluctúa dependiendo de la época del año de la que se trate: se llenan en invierno y primavera (aprovechando las lluvias y el crecimiento de los ríos), para bajar su nivel con la llegada del verano, por las distintas necesidades para el abastecimiento humano.
Estos cambios de nivel tienen una primera y clara consecuencia: la imposibilidad de vida en las orillas de los embalses y, por lo tanto, la reducción del tamaño del hábitat.
Pero no sólo es eso, en los casos en que estas fluctuaciones coinciden con el período de puesta de una especie, se corre el riesgo de que los futuros peces terminen quedando o bien fuera del nivel del agua o bien en una zona demasiado profunda para su correcto desarrollo.
Por otro lado, debemos tener en cuenta el enorme cambio que supone para unas especies acostumbradas a moverse sin parar en aguas llenas de corrientes, el pasar a vivir en unas aguas totalmente calmadas.
Algunas consiguen adaptarse (no sin dificultad), mientras que otras (sobre todo las autóctonas) están abocadas a la desaparición.
Mucha culpa de ello lo tiene el alimento disponible en los embalses (o mejor dicho, la falta de alimento). La dieta principal en estas zonas es el pláncton (las fluctuaciones de caudal que sufren los embalses impiden el desarrollo de invertebrados), una “comida” que las especies autóctonas de nuestro país (salvo raras excepciones) no son capaces de aprovechar en su totalidad, lo que supone una gran merma para su subsistencia.
En el lado opuesto se encuentran las especies extranjeras, que gustan de aguas paradas y pueden obtener amplios beneficios del pláncton; consecuencia: se convierten en los amos de los embalses, un desarrollo que supone en sí mismo un auténtico problema para la supervivencia de nuestras especies.

Las presas

Como muy bien explicaba el biólogo, pescador y periodista Juan Delibes de Castro durante el simposio sobre “Conservación de la Naturaleza”, enmarcado en el XXIII Campeonato del Mundo de Salmónidos Mosca celebrado el pasado año; este tipo de obras impiden que la mayor parte de las especies de río tengan que “efectuar una corta migración para buscar frezaderos, zonas ideales para poner sus huevos, y si se les pone una barrera no pueden pasar”.
Y es que lo que para nosotros es un muro que evita el descontrol del agua, para una trucha se convierte en un obstáculo insalvable que le impide desarrollar su migración… y esto puede tener nefastas consecuencias.
Aunque muchos peces habitan a lo largo de su vida en el mismo lugar, otras muchas especies realizan migraciones: la trucha, ya mencionada, es un buen ejemplo, pero también lo hacen los barbos y las bogas, por nombrar algunos, o los que vienen del mar para reproducirse, como el salmón, el reo o el sábalo… ¿qué suponen para todos ellos las presas? Un enorme e imprevisto obstáculo.
Pero el problema no se localiza únicamente en el lugar donde está construida la presa, mucho más allá, aguas abajo, también pueden contemplarse los perjuicios de este tipo de construcciones. En primer lugar porque la calidad de las aguas es directamente afectada, con la presencia de ciertas sustancias de elevada toxicidad (sobre todo durante el verano) que inciden directamente sobre la mortandad de los peces.
Pero no sólo eso, la presa puede modificar de tal forma el curso del río que llegue a dejarlo seco en algunas zonas o con un caudal tan ínfimo que hace casi imposible la vida.

La pesca

Aunque el nivel de vida en los embalses esté por debajo de lo deseado, lo cierto es que son potenciales lugares de pesca.
Ahora bien , podemos decir que existen casi tantos tipos de pesca que se pueden realizar como embalses hay en nuestro país; ciertamente antes de desarrollar la acción de pesca deberemos tener muy en cuenta las características de l lugar:

  • Embalse poco profundo: acusan rápidamente los cambios meteorológicos y de temperatura, lo que sin duda afecta a la pesca.
  • Calidad de las aguas: si las aguas son turbias (normalmente en los embalses que tienen poco agua), los peces buscarán áreas poco profundas, con tendencia a realizar pocos movimientos. Si por el contrario las aguas son transparentes (lo que significará que nos encontramos en un embalse profundo), los peces pueden encontrarse más en el fondo.
  • Presencia de plantas acuáticas: suponen un magnífico refugio para muchas especies, principalmente depredadores que se esconden acechando una posible presa.

Habida cuenta de todo lo antes comentado, las especies de más interés para la pesca que se desarrolla en embalses son las especies depredadoras, principalmente las que han sido introducidas (no autóctonas).

El futuro

Resulta evidente que las presas permanecerán donde ahora se encuentran por mucho tiempo; es por tanto necesario buscar soluciones para la conservación de las especies afectadas por su presencia.
En este sentido se han realizado experimentos que suponen la construcción de pasos o escalas que deben ser utilizadas por los peces, una idea factible si bien el mayor problema se encuentra en conseguir que los peces se dirijan exactamente por esa zona, para lo cual resulta imprescindible tener en cuenta las capacidades natatorias y el comportamiento de estas especies.
En relación con el problema del caudal, sería necesario realizar un correcto estudio sobre las necesidades biológicas de las especies que habitan cada río, para así determinar las variaciones que deben desarrollarse en cada estación. Este tipo de estudios está siendo realizado en algunos países, demostrando siempre gran efectividad.
Según señalaba Juan Delibes:br> “Es curioso que muchos países están trabajando en sentido opuesto al nuestro porque en Estados Unidos y en Francia se están demoliendo presas porque se ha llegado a la conclusión de que el efecto negativo es mayor y que la producción es muy escasa”.

Publicado en: Pesca, Consejos

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