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Trucos para mejorar el rendimiento fí­sico del caballo

Antiguamente el caballo era un animal de trabajo del que nos valíamos a diario para múltiples funciones.
La aparición de la maquinaria para el trabajo pesado de campo, junto con el ritmo que hoy en día nos impone la sociedad, ha supuesto el hecho innegable de que en nuestros días apenas se monta o engancha un caballo regularmente.
Esto conlleva una serie de consecuencias positivas para el animal (que ha dejado de lado la dura tarea de campo), pero también supone algo negativo: la pérdida de forma física.
Resulta innegable que en nuestros días más que nunca, los caballos pasan largas horas (en ocasiones y por desgracia, días enteros), sin salir de sus cuadras ¿cómo van a conseguir así estar en buena forma para cuando al jinete se le antoje montar? Resulta imposible.

El acondicionamiento

El acondicionamiento es la primera parte del entrenamiento. Con él se persigue el objetivo de conseguir que el cuerpo del caballo utilice más oxígeno de una forma más eficaz.
Es decir, acondicionar significa conseguir forzar el cuerpo de caballo de tal forma que le obliguemos a remodelarse, haciendo que sea más fuerte y saludable. Y eso sin tener que llegar a aumentar la tensión hasta el punto del dolor.
Debemos ser conscientes de que cada parte del cuerpo precisará de un tiempo y de unos ejercicios específicos para conseguir alcanzar ese grado óptimo de desarrollo que buscamos: los músculos, incluso el del corazón, pueden prepararse por el entrenamiento hasta conseguir que el caballo corra más rápido; para lo cual precisaremos un periodo estimado de unos seis meses. Sin embargo el desarrollo de otras zonas como tendones o ligamentos, conlleva mucho más tiempo y resulta un trabajo mucho más concienzudo.
Así, el comienzo del entrenamiento se basará en la realización de trabajos de acondicionamiento que se repetirán entre 3 y 4 veces por semana; unos trabajos que deberán ir alternándose con descansos y con días de trabajo menos forzado.
Mientras su caballo trabaja para mejorar, usted deberá estar pendiente al cien por cien de su estado. Vigile su actitud y no intente exigirle más de lo que el animal es capaz de dar: de nada sirve forzar a la madre naturaleza.
Más vale parar cuando observemos cualquier síntoma de calor o cansancio, antes de forzar al caballo a un sobre esfuerzo, que podría terminar en una laminitis.
Un aumento gradual del trabajo realizado por el caballo, junto con una supervisión constante de su estado de forma, es la mejor manera para conseguir un ejemplar preparado que le llevará allí donde usted desee ir.

El ritmo cardíaco

En esta tarea de acondicionamiento conviene vigilar muy de cerca el ritmo cardíaco del caballo, con el fin de no crear una tensión mayor que la que el animal podría superar. Deberemos por tanto hacernos con un estetoscopio, con el que contaremos los latidos de su corazón; teniendo en cuenta que un caballo maduro normal en reposo tendrá entre 32 y 40 pulsaciones por minuto. Para esta medición colocaremos el diafragma del estetoscopio en la pared izquierda del pecho del caballo, en el área de la cincha y ligeramente por encima del punto del codo.
El caballo tiene una capacidad cardíaca muy superior a la humana: con máximo trabajo pueden llegar a multiplicar su pulso en reposo por 8 e incluso por 10. A pesar de eso, es conveniente trabajar aeróbicamente, es decir, con el corazón a un ritmo de entre 120 y 160 LPM (latidos por minuto).
Si nuestro caballo está en forma, notaremos como su corazón reduce las pulsaciones hasta el reposo en el mismo momento en que para de ejercitarse. Esto nos servirá como una buena regla de medición para determinar el estado de forma de nuestro animal: si después del entrenamiento le lleva más de treinta minutos volver a su ritmo cardíaco habitual, significará sin lugar a dudas que el entrenamiento ha resultado muy excesivo para el caballo; convendrá en consecuencia volver a entrenamientos más ligeros que no supongan un esfuerzo tan importante.
Pero si por el contrario, el caballo recupera su ritmo normal en menos de 10 minutos, el entrenamiento puede habérsele quedado corto, por lo que si queremos que progrese, tal vez resulte necesario aumentar el trabajo.

El ritmo respiratorio

Muy al contrario de lo que muchos piensan, resulta un enorme error pensar en que un análisis del ritmo respiratorio nos vaya a servir para determinar el estado de nuestro caballo.
Un caballo toma gran cantidad de oxígeno para sus pulmones, pues bien, lo que nos indica su estado de forma es la habilidad para distribuir este oxígeno a los tejidos, para quemarlo y para producir la energía necesaria.
Así el ritmo respiratorio en reposo debe ser de entre 2 y 20 respiraciones por minuto, una cantidad que puede aumentar para emparejarse con el ritmo de trancos por minuto al trote o al medio trote.
Este ritmo irá reduciéndose a medida que el caballo se recupera del esfuerzo realizado, a pesar de lo cual algunos equinos continúan jadeando, lo que es síntoma del calor que continúan teniendo.

La deshidratación

Uno de los mayores riesgos del entrenamiento del caballo es caer en la deshidratación. El trabajo físico produce calor corporal, un calor que el caballo trata de disipar desviando sangre a los vasos periféricos, para después echarlo fuera. Además jadean al igual que lo hace un perro, inhalando aire fresco mientas exhalan aire caliente.

Pero el método más adecuado para acabar con el calor es la evaporación del sudor.
Con el sudor la piel pierde elasticidad, se perjudican los intestinos y la sangre se hace más espesa.
De ahí la necesidad de dar mucho agua a nuestro caballo en esos periodos de mayor actividad: mientras se encuentra en reposo la cantidad diaria de agua está alrededor de 25 litros al día, mientras que en los días de trabajo o durante la época de calor, puede llegar a beber hasta 90 litros al día.
Mientras lo montemos, debemos dar la oportunidad a nuestro caballo de que beba agua siempre que quiera; poniendo especial atención en que no sea agua fría.

La grasa, una magnífica fuente de energía

Cada vez más cuidadores se decantan por incluir grasa dentro de la dieta de su caballo.
Este elemento provee al animal de gran cantidad de energía en forma concentrada, al tiempo que mejora su temple, así como su piel y pelo.
Según afirman estudios recientes, la grasa requiere para su digestión de unos procesos mucho más rápidos que los necesarios para la ingestión de azúcares o almidones; además de aportar un «calor extra» al metabolismo del caballo, aumentando los niveles de glucosa en sangre; motivo por el que es muy utilizada con equinos de competición.
Pero debemos tener mucho cuidado: una grasa inadecuada o una cantidad excesiva puede tener consecuencias contrarias a las buscadas.

 

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