SKWAL, NUEVAS EXPERIENCIAS EN LA NIEVE

Técnica de esquí

Si eres uno de esos amantes de la nieve a los que les apasiona vivir experiencias al límite; el snowboard, el esquí extremo y el carving… estás tardando en probar el skwal.

En nuestro afán por traerte nuevas experiencias que te permitan disfrutar al máximo de la nieve, en este reportaje queremos darte a conocer esta técnica que lleva relativamente poco tiempo entre nosotros pero que, sin duda ha venido para quedarse. Y es que, si la pruebas, estamos seguros de que querrás repetir.

 

QUÉ ES EL SKWAL

Conocida como Skwal o Skwalling, se trata de una técnica que mezcla el monoski, el snowboard y el esquí… ¿a que suena bien?

La técnica es similar a la del snowboard o monoski, en la que los dos pies van montados en una única tabla; pero a diferencia de esas dos técnicas, el Skwal los pies deben ir uno frente a otro (y no uno al lado del otro como irían en una tabla de snowboard), siempre en línea con la dirección en la que apunta el skwal.

El Skwalling se desarrolló con la idea principal de hacer más accesible el carving y las grandes curvas a la mayoría de los enamorados de la nieve.

Con los pies fijados uno delante de otro sobre una estrecha tabla, el “skwalo”, se avanza entre curvas y líneas rectas realizando un deslizamiento flexible que garantiza vivir experiencias únicas.

Gato, guepardo, pantera, jaguar… Para describir a los adeptos al skwal, se suelen utilizar distintos nombres de felinos; y es que la postura y los movimientos que hacemos sobre estas tablas sin duda recuerdan a los de cualquier felino.

 

UN POCO DE HISTORIA

En los primeros años de la década de los 90, Patrick Balmain y Manuel Jammes, dos profesores de esquí franceses, crearon el primer prototipo de Skwal en los Alpes franceses, con el objetivo de crear una tabla “híbrida” entre un esquí tradicional y un snowboard.

Este invento, que de inmediato denominaron “Skwal”, pronto llamó la atención y una empresa francesa llamada Lacroix se interesó por la fabricación, reclutó a Balmain y empezó a desarrollar el skwal para su comercialización.

Años más tarde el propio Patrick Balmain abandonaría Lacroix para crear su propia empresa de fabricación de skwals; “ThiasSkwal”.

En su afán por del desarrollo de esta técnica, se organizaron campeonatos en Francia y Europa bajo la denominación de “Skwal Contests”. Estos weekends permiten a los “skwalos” competir, pero sobre todo reunirse para compartir su pasión por el skwalling.

A finales de los años 90, Völkl se lanzó a la aventura produciendo su propio skwal llamado también “Monocarver”, bajo licencia Thias.

Hoy en día son varios los fabricantes que ofrecen tablas de skwals, por lo que la diversificación y la oferta sin duda han aumentado notablemente.

Sin embargo, el deporte no ha alcanzado el auge y la popularidad que se predijo en los primeros tiempos. Aunque hay quien apunta varios motivos para este “fracaso”, lo cierto es que existe uno principal y del que no existe duda alguna: la complejidad técnica que requiere esta modalidad.

Para muchos la aparición de los esquís de carving, así como el snowboard “soft”, al mismo tiempo que el skwal; influyó negativamente sobre el desarrollo de éste último ya que le restó gran parte del necesario protagonismo informativo y periodístico que sin duda necesita cualquier nueva técnica para poder crecer en seguidores.

Efectivamente, practicar Skwalling no está al alcance de todos los esquiadores, se requiere una gran destreza técnica y un magnífico estado de forma para poder afrontar los complicados y exigentes movimientos que requiere.

 

MATERIAL


– Tabla.-
La tabla que usamos en el Skwalling se denomina “Skwal” o “Skawalo”

El skwalo es algo más grueso que un esquí normal, pero mucho más pequeño que un raceboard. La longitud suele rondar entre 165 y 190 cm y el radio de giro se sitúa entre los 9 y los 13 metros.

Sin duda no es fácil de dominar, pero si lo consigues te asegura la posibilidad de desplazarte a grandes velocidades y realizar movimientos realmente increíbles.

– Fijaciones.- Las fijaciones del skwal son específicas. Son muy similares a las del snowboard alpino, pero son más delgadas ya que deben adaptarse a las tablas de skwal que también son más finas que las del snowboard.

La fijación trasera tiene un talón que crea una inclinación natural para el pie trasero.

El binging delantero tiene una inclinación que provoca una inclinación opuesta para el pie delantero.

– Botas.-  Suelen utilizarse botas de snowboard (más duras que las del esquí tradicional). En el skwalling es fundamental que los pies estén siempre muy bien sujetos, pero los tobillos precisarán de cierta libertad de movimiento, que les permita moverse hacia delante y hacia atrás.

De hecho, para una mayor comodidad se recomienda que el pie trasero vaya siempre algo más suelto que el de delante.

 

LA TÉCNICA

Quienes dominan la técnica del esquí, el monoesquí o el snowboard, en principio no deberían tener grandes dificultades para conseguir un buen nivel con el skwal.

Sin embargo nunca es buena idea lanzarse a lo loco; recomendamos que inicialmente, en los primeros descensos, se utilicen bastones que te ayudarán a mantener el equilibrio; ten en cuenta que el skwal es realmente estrecho y que la posición en la que deberás llevar los pies no es la habitual, por lo que es normal que resulte complicado mantenerse en pie. Los bastones te serán de ayuda en esos primeros deslizamientos, hasta que te familiarices con las sensaciones y complicaciones que supone montar en una tabla de skwal.

Como ya hemos comentado, la técnica es similar a la del snowboard o monoski, en la que los dos pies van montados en una única tabla; pero en el Skwal los pies deben ir uno frente a otro, siempre en línea con la dirección en la que apunta el skwal. Un pie ante otro, colocados entre 0 y 5 grados como máximo, muy cercanos uno del otro.

La posición del cuerpo debe mantenerse vertical.

El giro viene producido por el balanceo lateral del cuerpo. Para ello no será necesario realizar grandes esfuerzos, ya que la versatilidad que ofrece la posición del “skwalo” permite una precisión óptima en las curvas.

Es normal que los snowboarders tengan más facilidad de manejo; en realidad la diferencia no es grande entre una y otra técnica; pero sin duda les atrapará el comprobar las increíbles inclinaciones que se llegan a alcanzar en los giros de radio medio y corto.

También por tu seguridad, para iniciarte en esta técnica, te recomendamos elegir pistas anchas y que no tengan demasiada pendiente. Pon especial atención a los primeros giros conducidos sobre el canto, es importante que resulten exitosos y para eso deberás poner mucho cuidado para no echarte demasiado hacia atrás, ya que esa postura favorece la pérdida de control del giro y la trayectoria, lo que puede acabar en una caída con una alta probabilidad.

En pendientes más pronunciadas la técnica a aplicar será la misma aunque con un pequeño cambio: es necesario aplicar una mayor presión sobre los cantos, para aumentar el control de cada giro.

Pero una vez que has cogido el “tranquillo”, lo más probable es que te aficiones con mucha rapidez a esta disciplina. Sin duda lo que más impresiona es la facilidad de evolución y el control en la trayectoria de la curva, algo que se puede apreciar a partir de los primeros descensos.

Así, en muy poco tiempo podrás vivir experiencias únicas en la nieve.

En resumen, un esfuerzo mínimo para una eficacia y placer máximos.

Publicado en: Esquí, Técnica de esquí