
Todos los expertos afirman que un día completo en la montaña, con sol y sin protección ocular, es más que suficiente para provocar problemas serios en nuestra vista... ¡como para olvidar las gafas!
Los rayos ultravioletas (U.V.) pueden deteriorar de manera irreversible nuestros ojos.
Los problemas que generan pueden ser múltiples, yendo desde "simples" irritaciones hasta la pérdida provisional de la visión, conocida como "la ceguera del esquiador".
Por ello y para evitar cualquier tipo de lesión ocular se hace imprescindible el uso de gafas de sol especiales para esquiadores, estas gafas incluyen unos filtros que disminuyen parte de la luz que entra, evitando de esta forma el deslumbramiento, la distorsión de las imágenes, los reflejos y la alteración del color entre los objetos.
Las gafas de sol y las máscaras (hoy en día muy generalizadas) no sólo sirven para proteger nuestra vista, sino que además nos van a ayudar a mejorar notablemente nuestro rendimiento, gracias a los tratamientos especiales que se aplican a los cristales. Si la protección de la vista, el confort y el diseño son las características que todo esquiador busca en unas gafas, debemos tener en cuenta que nuestro rendimiento también se verá enormemente favorecido gracias a una total seguridad y definición óptica.
Por otro lado conviene ser consciente de que el hecho de que el día se presente nublado no supone, ni de lejos, que las nubes detengan la acción de los U.V. Puede que la luz sea menor, pero el efecto de estos rayos será igualmente nocivo para el esquiador.
Después de varias horas esquiando sin gafas, la sensación puede tornarse muy desagradable: un constante escozor en los ojos proseguido de un lagrimeo persistente que nos impedirá una correcta visión de las pistas, lo que al final se traduce en un esquí incómodo e inseguro, siendo uno de los principales motivos de accidente.
En caso de que perdiéramos las gafas durante la actividad, deberemos adoptar una simple medida de prevención: siempre que el terreno lo permita, ascenderemos con los ojos cerrados durante todo el tiempo que nos resulte posible, abriéndolos de manera intermitente para poder visualizar los siguientes metros y caminar con algo de seguridad.
En caso de que sintamos escozor aún cuando nos encontremos ya en casa, deberemos tratar de proteger los ojos de cualquier fuente luminosa.