
Los puertos ofrecen al pescador cientos de metros perfectamente accesibles que se convierten en lugares desde los cuales la pesca es sumamente "cómoda": espigones, escolleras, rompeolas, diques... son zonas que atraen numerosa vida marina y por tanto se convierten en el sueño de cualquier pescador.
Las dársenas portuarias son el lugar en el que se dan unas condiciones de pesca más parecidas a las que tendríamos en agua dulce. Son zonas de aguas tranquilas, que quedan al abrigo (natural o artificial) del fuerte oleaje, lo que les convierte en destino de muchas especies, así como de moluscos y crustáceos.
Otra ventaja de la pesca en los puertos reside en el hecho de que resulta accesible en cualquier estación, sin importar excesivamente el tiempo reinante... siempre hay algo que capturar.