El estado de las aguas
Sin lugar a dudas, el estado de las aguas condiciona en gran medida que éstas estén o no pobladas de posibles presas. Pero no sólo eso, un breve análisis de este
estado nos servirá para determinar los materiales y las técnicas que debemos emplear en cada caso:
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Aguas turbias: lo normal es que estén provocadas por un fuerte temporal. En estos casos la pesca resulta práctica imposible, si bien en caso de querer
realizarla, nos decantaremos por las zonas de desembocaduras de ríos, donde el agua estará más tranquila, convirtiéndose en el lugar donde a menudo los peces buscan
amparo.
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Aguas ligeramente turbias: las que veremos algunas horas después de haber pasado el temporal o bien tras una fuerte tormenta. Tampoco son buenas aguas para
la pesca al lanzado.
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Aguas opalescentes: aquellas que vuelven a la normalidad, perdiendo las sustancias terrosas que flotaban, pero conservando materia orgánica que las mantiene
con algo de color. Son buenas aguas para la pesca.
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Aguas claras: ideales para la pesca. Debemos tener en cuenta que si nosotros vemos mejor, los peces también tendrán mayor visibilidad, por lo que deberemos
utilizar sedales finos y señuelos de colores sobrios, que recuperaremos cuidadosamente.