
Buscar un compañero de pesca resulta, sin duda, la mejor idea.
Las consecuencias de cualquier accidente de los antes comentados se verán minimizadas si contamos con alguien a nuestro lado que pueda ayudarnos en el momento crítico.
Tener el apoyo de un compañero para salir del río si nos vemos apurados, o para sacar un anzuelo de una zona complicada, para buscar refugio... y, como no, para compartir también los buenos momentos.
La pesca en compañía siempre resulta más animada; pero existen casos y/o jornadas en los que no será posible y nos veremos obligados a acudir solos al río. Siempre que sea así deberemos dejar aviso del lugar al que tenemos pensado acudir, así como una hora estimada de regreso.
En nuestros días contamos con adelantos tan importantes como el teléfono móvil, que nos permite avisar de forma inmediata en caso de sufrir cualquier percance; pero siempre puede suceder que lo perdamos o, simplemente, que en el momento de necesitarlo nos encontremos sin cobertura.
Es importante que las personas cercanas a nosotros sepan siempre dónde deberían acudir en nuestra búsqueda en caso de que tardemos más de lo acordado. Tal vez simplemente nos habremos caído y torcido un pie, pero esa pequeña caída puede suponer que necesitemos de ayuda para incorporarnos y seguir caminando.
Como en tantas otras cosas de la vida, la seguridad en el río depende de la propia conciencia y del sentido común de cada pescador. Arriesgar más de lo necesario o saltarse determinadas precauciones básicas dependerá siempre de cada uno de nosotros.