
Este fenómeno de la naturaleza, que para muchos pescadores es augurio de una buena jornada, puede suponer también una serie de riesgos que conviene conocer.
Los materiales de carbono con los que actualmente se realizan nuestras cañas son unos excelentes conductores de la electricidad y, levantados sobre el río en mitad de una tormenta, actuarán como auténticas antenas que atraen con facilidad los rayos.
Resulta por tanto mucho más inteligente cerrar la caña y buscar un buen refugio en el momento mismo en que escuchemos el primer trueno. Una vez que la tormenta haya pasado, los peces continuarán en el río y, con seguridad, las capturas serán más abundantes.