
El retroceso o culatazo es uno de los efectos habituales que se producen al realizar un disparo.
Sin lugar a dudas no sólo resulta molesto para el tirador, sino que además influye de manera notable en la precisión final que pueda llegar a conseguirse.
El retroceso es una característica inevitable de todos los tiros, pues los gases de la pólvora impulsan hacia atrás las armas con la misma fuerza con que impulsan hacia delante la carga de perdigones.
Un retroceso excesivo no sólo resulta desagradable, sino que además puede afectar notablemente a sus disparos. Contusiones en el hombro o en la cara y dolores de cabeza son las consecuencias físicas más comunes.
Saber cómo luchar contra él y en definitiva, cómo minimizar sus consecuencias, resulta pues imprescindible.
El retroceso es una simple consecuencia del principio físico de acción y reacción ("a toda acción le sigue una reacción"); que explicaríamos de la siguiente forma: para conseguir que el proyectil salga disparado a una determinada velocidad y con una fuerza precisa, esa misma fuerza debe apoyarse en el arma, dirigiéndola hacia atrás, en sentido contrario y hacia arriba, debido al apoyo que la culata hace en el propio hombro y en las manos del tirador.
Cerrar los ojos, mover el cuerpo, sentir nervios... son reacciones muy comunes en el ser humano ante la realización de un disparo (sobre todo en los tiradores inexpertos). Aunque estas reacciones se producen de manera y con intensidad diferente en cada uno de nosotros, resulta evidente decir que todas ellas nos harán perder gran parte de la puntería y además, lo que es aún peor, no evitarán el castigo que va a suponer igualmente el momento del disparo. Podemos por tanto hablar de un factor psicológico de gran importancia que afecta a la precisión en el disparo.
Efectivamente, suele decirse que un arma y su munición son siempre mucho más precisos que el tirador que las utiliza, y esto es así casi en el 100% de los casos.
Pero ¿cómo evitar estos efectos de carácter psicológico? Sin duda aquí el mejor (y casi diríamos el único) remedio es la experiencia. Sólo cuando sepamos en qué consiste el "golpe" que vamos a experimentar tras el disparo, cómo lo va a notar nuestro cuerpo y cómo nos vamos a sentir después, podremos actuar con mayor seguridad en nosotros mismos y por tanto en nuestro disparo. Por eso resulta tan importante el entrenamiento, incluso fuera de la temporada de caza: sólo mediante la repetición de la acción podremos conseguir que nuestro cuerpo se habitúe a sentirla y no reaccione de manera contraria.
Hay muchos que se atreven a afirmar que los cazadores y tiradores que resultan imprecisos en sus disparos lo son porque no han conseguido entrenar correctamente su mente para que logre dominar sus reacciones y comportamiento. Efectivamente, debemos ser capaces de "educar" a nuestro cuerpo sobre las reacciones naturales que se producen tras el disparo, puesto que éste es siempre el primer paso para poder dominarlas y, en consecuencia, lograr que no afecten en nuestros resultados.
Evidentemente si todo el proceso explicado de reacción sucede una vez realizado el disparo, el retroceso no tiene porqué influir sobre la precisión conseguida, puesto que cuando lo sintamos el proyectil ya habrá salido del cañón.
El problema se encuentra en los casos, por desgracia muy comunes, en los que la reacción muscular del tirador se produce inmediatamente antes del disparo, lo que sin duda afectará directamente en los resultados conseguidos.
Resulta obvio pensar que un cartucho que sea potente tendrá más retroceso que otro que lo sea algo menos, por lo que lo más importante será conseguir una correcta relación entre la capacidad de soportar el retroceso por parte del tirador y la potencia deseada o necesitada del cartucho a utilizar.
En la práctica de caza mayor dentro de nuestro país podemos decir que prácticamente no existe ningún animal que no pueda ser abatido con el .30-06 Sprg., un cartucho que no castiga demasiado. Otro tema es cuando intentemos cazar animales de gran tamaño fuera de nuestras fronteras (osos, búfalos africanos...), para quienes el límite inferior en cuanto a cartuchos se sitúa en el .375 H&H. Mg. (del cual no resulta nada fácil controlar su retroceso).
Una vez que tengamos bien claro el tipo de cartuchos que estamos en disposición de utilizar con ciertas garantías, deberemos pasar a la selección del arma que se ajuste concretamente a nuestras necesidades. Efectivamente, no todas las armas que disparan un mismo cartucho son iguales; muy al contrario existen cientos de modelos de diferentes características, que conviene conocer para saber cuál se adapta mejor a nuestras necesidades:
Además de estas dos características, deberá tener en cuenta las siguientes partes de la culata:
Lo primero que debemos tener en cuenta es que evitar por completo el retroceso es imposible, debemos por tanto entrenar para conseguir que este retroceso sea siempre el mismo en cada disparo, lo que supone que controlamos totalmente nuestra arma. En este sentido debemos considerar que el retroceso ideal es aquel que se produce de manera ascendente pero con leves oscilaciones laterales.
Existe un método de entrenamiento aceptado por muchos como la mejor manera para frenar el retroceso; consiste en ir ascendiendo en la escala de potencia de los cartuchos utilizados durante el entrenamiento. Por supuesto no ascenderemos en esta escala hasta no conseguir una precisión correcta con el cartucho inferior.
Este tipo de entrenamiento nos llevará a conseguir el segundo de los puntos clave para terminar con el retroceso: tener la capacidad de actuar de manera perfectamente controlada, sin oponerse al efecto que, indiscutiblemente, producirá cada disparo. Sabemos que el efecto de culatazo se va a producir inevitablemente ¿para qué tratar de oponernos a él? Lo más inteligente es aceptar su presencia y tratar de controlarla, simplemente "dejándonos llevar" y sin intentar ponerle oposición, lo que sólo deparará mayor imprecisión a nuestro disparo.
Para conseguir este "dejarse llevar", apunte los siguientes consejos de colocación:
Tenga en cuenta algo muy importante: cuanto menos estable sea su posición, más notará el retroceso. En este sentido, conviene conocer algunos consejos sobre la forma más correcta de disparar, según la posición en la que nos encontremos:
Finalizaremos este artículo haciendo hincapié en las ideas mencionadas al principio: el mejor secreto para conseguir un buen retroceso es el estar preparado mentalmente para mantener el arma apuntando al blanco algunos segundos después de haber disparado. Jamás se debe bajar el arma segundos después del disparo, en un acto que sin duda vendría marcado por la ansiedad, la falta de concentración... y que inevitablemente nos llevará a un mal impacto.
Tenga en cuenta que el tiempo de percusión hasta que la bala deja la boca del cañón, es suficiente como para afectar la precisión del impacto si permanecemos en una posición firme y estable. Es fundamental entonces también, la misma presión en la mano, la cara, la correa y el hombro.