
Durante el ascenso, los gases tragados en la inmersión y almacenados en el estómago e intestino, se dilatan; pudiendo producir dolores abdominales intensos que pueden llevar a un síncope, disnea, angustia...
Para prevenirlo lo mejor es cuidar la alimentación (no comer copiosamente antes de echarse al agua) y sobre todo evitar las bebidas gaseosas.