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Salud

Tratamiento


El único tratamiento totalmente válido es el de la recompresión, que consiste en reducir las burbujas para que dejen de taponar las arterias y que afecten lo menos posible a los tejidos. Por eso resulta fundamental trasladar de manera inmediata al buceador afectado a una cámara hiperbárica, que estará atendida por el personal adecuado.
Hasta su llegada a esta cámara, el afectado deberá permanecer acostado y respirar oxígeno medicinal. También resulta conveniente darle a beber gran cantidad de líquidos (no gaseosos, por supuesto), siempre y cuando el afectado se encuentre conscientes. Nunca administraremos ningún tipo de droga para mitigar el dolor.
En caso de que sea necesario proceder a un traslado por avión o helicóptero, éste no deberá volar a más de 300 metros de altura. Si el traslado se hace en ambulancia o en vehículo propio, deberán evitarse las aceleraciones bruscas así como el ascenso por puertos de montaña.
Siempre es buena idea anotar las circunstancias que llevaron a esa situación: profundidad máxima alcanzada, tiempo en el fondo, inmersión sucesiva, factores de riesgo, velocidad de ascenso... Así como los síntomas que presenta el accidentado. Toda esta información será de gran ayuda para una posterior y correcta evaluación del problema. Asimismo, deberemos tener en cuenta y anotar todos los posibles cambios que vaya experimentando.
Únicamente en el caso de que no exista la posibilidad de acudir a una de estas cámaras hiperbáricas, podrá optarse por una solución sumamente arriesgada: la reinmersión del individuo hasta la misma cota en la que se produjo el accidente y la ascensión con aplicación de los datos de las tablas de descompresión. Ni que decir tiene que se trata de un método sumamente complicado y por tanto peligroso, que sólo se realizará en casos de emergencia y, por supuesto, la revisión posterior del accidentado por un especialista resulta básica