
Estamos seguros de que se habrá planteado esta pregunta en más de una ocasión, ¿estoy alimentando bien a mi caballo?, ¿le doy la cantidad suficiente?, ¿es de buena calidad?...
Nada mejor que la propia experiencia para dar unas respuestas correctas a todas estas cuestiones. Por ello si tiene un caballo nuevo, procure vigilar cómo come, cuánto come y cómo reacciona ante los diferentes alimentos que le va dando, esta observación le dará mucha información importante.
Ni que decir tiene que también podrá obtener mucha información si analiza las heces de su animal; éstas deben ser compactas, no duras y no malolientes; si cumplen estas características será que ha dado usted en el clavo con la correcta alimentación de su caballo.
Otro tema a analizar es la actitud del equino ante el trabajo: si montado tiene óptimas reacciones, querrá decir que está bien alimentado. Si se muestra cansado constantemente o con pocas ganas de trabajar, tenga en cuenta la revisión de su dieta como uno de los puntos a analizar.
Por supuesto, una vez que ha encontrado las cantidades y alimentos con los que comprueba que todo esto sucede, resultará absurdo que modifique la dieta. Un cambio en la alimentación únicamente será justificable si se trata de un suplemento necesario en un determinado momento de la vida del caballo (yegua preñada, incremento significativo del trabajo...).
No caiga en el error de pensar que más vale que sobre... cargar al caballo con más alimento del que puede comer nunca es positivo. Si ve que deja algo sin comer, deberá ir reduciendo la cantidad a cada ración.