
Hay quien afirma que el gran poder de Tiger Woods está en su capacidad mental. Se sabe ganador y muestra una increíble seguridad en su juego; una seguridad que según muchos es la que le permite no fallar ante golpes de difícil realización, lo que le lleva inevitablemente al triunfo final.
El golf es un deporte que nos obliga a jugar contra nosotros mismos, con el inconveniente añadido del tiempo muerto que tenemos que sufrir en cada partido (un partido dura una media de 3 a 4 horas, de las cuales el tiempo invertido en juego efectivo es de cuatro minutos y medio, considerando un promedio de 4 segundos por swing). El tiempo que pasa entre golpe y golpe nos sirve para recapacitar, para pensar lo que estamos haciendo mal, para escuchar comentarios por todos lados... en definitiva, para meternos una mayor presión.
Si técnicamente los jugadores suelen tener un nivel medio de juego muy similares, efectivamente tiene que existir un elemento diferenciador que convierta a unos en triunfadores y relegue al resto al final de la lista. La clave para muchos se encuentra en la capacidad psicológica, entendida como conjunción perfecta entre el cuerpo y la mente a la hora de desarrollar nuestro juego.
¿Por qué unos jugadores muestran un mayor poder psicológico que otros?, ¿es posible el entrenamiento mental?... Los factores que influyen en la capacidad psicológica de cada jugador son muchos y muy variados: el poder de concentración, la confianza en uno mismo, la fuerza mental... todas ellas pueden y deben ser entrenadas para sacarles el máximo rendimiento en el juego.