
Si se desean vivir experiencias al límite en el descenso de ríos, es preciso probar la experiencia del kayak o piragüa.
Su origen nace cientos de años atrás en Groenlandia, donde los esquimales construían embarcaciones con pieles de foca extendidas sobre armazones de madera o huesos de
reno, valiéndose posteriormente de un remo doble para navegar en el mar. A finales del siglo XIX el kayak llegaría a Europa, traido por los británicos; evidentemente
aquel diseño original fue sufriendo paulatinos cambios y mejoras, hasta llegar a la apariencia con la que hoy los conocemos. Aunque su origen inicial fue para la caza
y la pesca, actualmente se realizan con fines puramente recreativos y deportivos.